Isla Mauricio, Africa.

 Playas de color blanco como la nieve que se transparentan por debajo de un agua turquesa. Ya desde el avión se adivina que la isla Mauricio, de 1.865 km2, en medio del Océano Indico, es el único pedacito de paraíso. Al sudeste de Africa y a 800 kilómetros más al este de Madagascar, la isla tropical sólo es visitada por un turismo muy selecto, ya que queda bastante lejos de todas partes, y a 12 horas de vuelo de Europa. Es república desde 1991 y el paisaje tiene colores impresionantes que permiten ver hasta muy lejos con absoluta claridad. El horizonte color zafiro parece que se puede tocar con las manos, y hay unos resorts exclusivos que te permiten pasar de la piscina al mar, disfrutar del sol, y llegar a tu habitación para ver que alguien tuvo el recaudo de llenar tu cama de pétalos de flor y rodearla de una gasa blanquísima para que no haya insecto que perturbe tu sueño. 

 La Isla Mauricio forma parte del archipiélago de las Mascareñas, junto con las islas Reunión y Rodríguez. Port-Louis y Perebére son las playas más importantes de la costa oeste, exótica, volcánica y de aguas cálidas, sombreadas por cocoteros que parecen querer nadar, combados sobre las olas. Allí se encuentra Grand Baie, la zona más exclusiva con numerosos restaurantes indios, chinos, criollos y franceses, donde podés escuchar música y tomar cerveza hasta el amanecer. Desde los 550 metros del monte Morne Barbant se divisan las magníficas playas del norte y el sur: un collar de distintas perspectivas de arena blanquísima, bañadas por un mar cálido. Un lugar para cantar canciones de amor en inglés, en francés patois y en creole. 

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